Luchas
intestinas ahogan a la izquierda hondureña |
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| Proceso Digital | ||||
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| Unificación Democrática está conformada por seguidores de varias vertientes de la izquierda-marxistas, socialistas, nacionalistas, revolucionarios- que actualmente se ahogan en una angustiosa resaca, generada por los efectos de la guerra y las confrontaciones de la década de los 80. Juntos conforman una corriente radical que a pesar de las opciones de llegar al poder se resiste al populismo. Sus dirigentes no tienen acercamiento con el pueblo porque están muy ocupados peleándose los sellos del partido.
Historia Pero se salva con la caída del fascismo europeo al final de la segunda guerra mundial. Al finalizar este conflicto las tiranías centroamericanas son sacudidas por el surgimiento de las luchas populares. Carias hizo frente a estos movimientos, pero no pudo resistir las presiones en el plano internacional y al final le dejó el poder a Juan Manuel Gálvez. A partir de ahí surgió una leve apertura política que aprovechan los trabajadores e intelectuales progresistas. En 1948 se organizan en un partido político, el Partido Demócrata Revolucionario Hondureño (PDRH) que el 10 de abril de 1954 daría origen a la reorganización del Partido Comunista de Honduras (PCH).
Luego surge el general golpista Oswaldo López Arellano (1963-1975) quien llega al poder, al deponer a Ramón Villeda Morales, justificando una prevención de limpieza ideológica. Tras uns breves meses fuera del poder, en 1972 Arellano asesta un nuevo golpe de estado que derroca a Ramón Ernesto Cruz, pero en 1975 El Consejo Superior de las Fuerzas Armadas lo remplaza por el general Alberto Melgar Castro. El
surgimiento de grupos armados Ya en los años 80 la izquierda representa una fuerza temible en la región centroamericana. Estados Unidos temiendo una expansión impulsada por el ejemplo de Cuba, inicia el aniquilamiento de las revoluciones suscitadas en Guatemala, El Salvador, Nicaragua. En Honduras la izquierda también se inquieta, pero como el país se convierte en base militar de Estados Unidos, no tiene mucha amplitud para presentar su lucha, la cual queda nada más en ligeras acciones subversivas. Cuando la guerra fría llega a su final con el desaparecimiento del torbellino de La Perestroika y el colapso de la Unión Soviética, el sandinismo de Nicaragua y el frente Farabundo Martí de El Salvador se convierten en partidos políticos, dejan las armas y comienzan a buscar el poder a través del voto de los pueblos. Luchas
intestinas En la pasada elección UD experimentó un crecimiento, obteniendo cuatro escaños en el Congreso Nacional. Este crecimiento no lo consolidó como partido, por el contrario lo fraccionó debido a las ambiciones personales y de grupos. Ahora es una izquierda que se desbarata a si misma, incapaz de conseguir el apoyo del movimiento obrero, estudiantil e indígenas que en sus tiempos constituyeron su base. Mientras eso sucede en este país, en El Salvador y Nicaragua la izquierda se convierte en la segunda fuerza política, maneja muchas alcaldías y representan una fuerte oposición en los parlamentos. Pero el fortalecimiento es más fuerte en los países de América del Sur, en Uruguay, Bolivia, Argentina, Chile y Venezuela. En estas naciones la izquierda democrática gobierna. “Hoy las izquierdas latinoamericanas reconstruyen sus propuestas políticas al tenor de las exigencias sociales y morales que caracterizan a un continente donde la desigualdad y la pobreza alcanzan magnitudes intolerables, que retan los últimos límites de la paciencia popular”, sostiene Nils Castro en su libro Las Izquierdas Latinoamericanas. Todo lo contrario a la hondureña, cuya lucha no está planteadas en base a una propuesta de un buen gobierno, sino en base al logro del controlar del poder de la misma institución, sin importar las discrepancias y resentimientos entre sus miembros. Para el dirigente de derechos humanos Andrés Pavón, decir que se es de la izquierda es asumir una tarea demasiado grande. No cabe dentro de ninguna persona que se haya declarado revolucionaria en Honduras. En este país no hay marxistas, ni socialistas, “lo que hay son oportunistas” que se resisten a abandonar todos los beneficios que genera el capitalismo. Un
partido enano De acuerdo con Ernesto Paz Aguilar, catedrático de ciencias sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en el caso de Centroamérica, la izquierda si quiere convertirse en opciones reales de poder tiene que sufrir una renovación y actualización ideológica, así como el relevo de sus dirigentes. Eso significa que tiene que salir la vieja guardia.
El habla de cerrar las heridas del pasado, de dar una mayor participación, de fomentar la izquierda política con la izquierda social, porque en Honduras todavía no se ha dado ese salto, el cual es necesario. La izquierda
social representa a todos aquellos movimientos que se oponen a la política
económica neoliberal de los gobiernos. La izquierda no han logrado
enchufar todo ese descontento social en un proyecto político,
y eso es parte del trabajo que deben hacer, tal como sucedió
en los países de Suramérica. Una izquierda con opciones
de poder no puede excluir lo social. |
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