Unificación
Democrática está conformada por seguidores de
varias vertientes de la izquierda-marxistas, socialistas, nacionalistas,
revolucionarios- que actualmente se ahogan en una angustiosa resaca,
generada por los efectos de la guerra y las confrontaciones de
la década de los 80.
Juntos
conforman una corriente radical que a pesar de las opciones de
llegar al poder se resiste al populismo.
Sus dirigentes no tienen acercamiento con el pueblo porque están
muy ocupados peleándose los sellos del partido.
Historia
La izquierda empezó a engendrarse
a comienzos del siglo 20. En 1933 cuando llega al poder el dictador
Tiburcio Carias Andino, el embrión estuvo a punto de perderse,
cuando los sindicatos, las organizaciones sociales y políticas
son disueltos.
Pero se salva con la caída del fascismo europeo al final
de la segunda guerra mundial. Al finalizar este conflicto las
tiranías centroamericanas son sacudidas por el surgimiento
de las luchas populares.
Carias hizo frente a estos movimientos, pero no pudo resistir
las presiones en el plano internacional y al final le dejó
el poder a Juan Manuel Gálvez. A partir de ahí surgió
una leve apertura política que aprovechan los trabajadores
e intelectuales progresistas.
En 1948 se organizan en un partido político, el Partido
Demócrata Revolucionario Hondureño (PDRH) que el
10 de abril de 1954 daría origen a la reorganización
del Partido Comunista de Honduras (PCH).

La
fuerza de la izquierda hondureña se encuentra en los
sindicatos y en el Bloque Popular, permanente opositor al
neoliberalismo. |
A
partir de esta apertura aparecen los nacimientos de organizaciones
sindicales como el Comité Coordinador Obrero (CCO)
que al ser reprimido por Gálvez se transformaría
en Comité de Unidad Sindical (CUS) y luego en Comité
de Lucha Obrera (CLO).
En 1954 se da la gran huelga bananera. Los huelguistas nunca
se imaginaron que comenzaban a ser parte de la historia
de Honduras al formar un movimiento social sin precedentes. |
Luego
surge el general golpista Oswaldo López Arellano (1963-1975)
quien llega al poder, al deponer a Ramón Villeda Morales,
justificando una prevención de limpieza ideológica.
Tras uns breves meses fuera del poder, en 1972 Arellano asesta
un nuevo golpe de estado que derroca a Ramón Ernesto Cruz,
pero en 1975 El Consejo Superior de las Fuerzas Armadas lo remplaza
por el general Alberto Melgar Castro.
El
surgimiento de grupos armados
El descontento de la población motivó el surgimiento
de grupos armados por parte de sectores liberales y la dirigencia
del partido comunista radicada en México, reinició
sus actividades guerrilleras suspendidas el año anterior.
Ya
en los años 80 la izquierda representa una fuerza temible
en la región centroamericana. Estados Unidos temiendo una
expansión impulsada por el ejemplo de Cuba, inicia el aniquilamiento
de las revoluciones suscitadas en Guatemala, El Salvador, Nicaragua.
En
Honduras la izquierda también se inquieta, pero como el
país se convierte en base militar de Estados Unidos, no
tiene mucha amplitud para presentar su lucha, la cual queda nada
más en ligeras acciones subversivas.
Cuando
la guerra fría llega a su final con el desaparecimiento
del torbellino de La Perestroika y el colapso de la Unión
Soviética, el sandinismo de Nicaragua y el frente Farabundo
Martí de El Salvador se convierten en partidos políticos,
dejan las armas y comienzan a buscar el poder a través
del voto de los pueblos.
Luchas
intestinas
Al igual que en los países vecinos, la izquierda hondureña
se agrupa en el Partido Unificación Democrática-
aprobado por decreto en 1992, durante el gobierno de Callejas-
y se presenta en las elecciones de noviembre de 1993 como una
alternativa de gobierno.
En
la pasada elección UD experimentó un crecimiento,
obteniendo cuatro escaños en el Congreso Nacional. Este
crecimiento no lo consolidó como partido, por el contrario
lo fraccionó debido a las ambiciones personales y de grupos.
Ahora
es una izquierda que se desbarata a si misma, incapaz de conseguir
el apoyo del movimiento obrero, estudiantil e indígenas
que en sus tiempos constituyeron su base.
Mientras
eso sucede en este país, en El Salvador y Nicaragua la
izquierda se convierte en la segunda fuerza política, maneja
muchas alcaldías y representan una fuerte oposición
en los parlamentos. Pero el fortalecimiento es más fuerte
en los países de América del Sur, en Uruguay, Bolivia,
Argentina, Chile y Venezuela. En estas naciones la izquierda democrática
gobierna.
“Hoy
las izquierdas
latinoamericanas reconstruyen sus propuestas políticas
al tenor de las exigencias sociales y morales que caracterizan
a un continente donde la desigualdad y la pobreza alcanzan magnitudes
intolerables, que retan los últimos límites de la
paciencia popular”, sostiene Nils Castro en su libro Las
Izquierdas Latinoamericanas.
Todo
lo contrario a la hondureña, cuya lucha no está
planteada en base a una propuesta de un buen gobierno, sino en
base al logro del control del poder de la misma institución,
sin importar las discrepancias y resentimientos entre sus miembros.
Para
el dirigente de derechos humanos Andrés Pavón, decir
que se es de la izquierda es asumir una tarea demasiado grande.
No cabe dentro de ninguna persona que se haya declarado revolucionaria
en Honduras. En este país no hay marxistas, ni socialistas,
“lo que hay son oportunistas”
que se resisten a abandonar todos los beneficios que genera el
capitalismo.
Un
partido enano
Las luchas internas dentro de UD están dejando enano al
partido. El sectarismo debilita a la izquierda hondureña,
debido a las discordias ideológicas y a la defensa de los
aparatos económicos de las dirigencias, los cuales les
permiten un nivel de vida superior a las masas que supuestamente
representan.
De
acuerdo con Ernesto Paz Aguilar, catedrático de ciencias
sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras,
en el caso de Centroamérica, la izquierda si quiere convertirse
en opciones reales de poder tiene que sufrir una renovación
y actualización ideológica, así como el relevo
de sus dirigentes.
Eso significa que tiene que salir la vieja guardia.
Tienen
que darle entrada a una nueva generación de dirigentes,
más jóvenes, más renovados, que los
pueblos no los vinculen al pasado de guerra y confrontación.
La
izquierda hondureña tiene grandes posibilidades
de crecer en el plano parlamentario, pero lógicamente
debe hacer un esfuerzo de readecuación, de cambio
y de apertura, para hacerla más plural, con prácticas
más democráticas al interior del partido,
porque esos son los grandes problemas a las que se enfrenta,
manifiesta Paz Aguilar.
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El
ex candidato de la UD Matías Funes dividió al
partido con su permanente confrontación con una facción
de ese instituto político. |
El
habla de cerrar las heridas del pasado, de dar una mayor participación,
de fomentar la izquierda política con la izquierda social,
porque en Honduras todavía no se ha dado ese salto, el
cual es necesario.
La
izquierda social representa a todos aquellos movimientos que se
oponen a la política económica neoliberal de los
gobiernos. La izquierda no han logrado enchufar todo ese descontento
social en un proyecto político, y eso es parte del trabajo
que deben hacer, tal como sucedió en los países
de Suramérica. Una izquierda con opciones de poder no puede
excluir lo social.